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Claves de la terapia regresiva. Parte 3

Como ya he comentado en artículos anteriores, hacer una Regresión supone acceder a un estado de consciencia amplificado que nos permite acceder a niveles mentales que, aun estando activos todo el día todos los días, no somos verdaderamente conscientes de lo que hay ahí.

Estos son, el inconsciente y el subconsciente. Los momentos más expansivos en ese sentido son el instante después de morir y el llamado espacio entrevida.

Soy consciente de que la idea de vernos morir en otra vida no es de entrada, muy atrayente. Sin embargo por mi experiencia puedo decir que suele vivirse como algo natural incluso aunque la forma de morir no sea pacificada.

Además, es muy importante saber, que si nos encontramos en este u otro momento con escenas desagradables que nos mueven demasiado emocionalmente, te guiaré hacia una disociación que te ayude a observar “a salvo” emocionalmente toda esta circunstancia.

Esto es fundamental por dos razones: la primera es que estamos en terapia para sentirnos mejor ¡no peor! Y la segunda y muy importante es que si la emoción te desborda no podré rastrear ni extraer las creencias limitantes asociadas que te condicionan a vivir lo que te ha traído a terapia que es, en última instancia, el objetivo de la Regresión.

Por otro lado, en el momento “entre vidas” es donde encontramos los aprendizajes evolutivos alcanzados en esa vida, tanto en las experiencias como en la relaciones (imprescindible esto último en caso de que el trabajo terapéutico sea en torno a algún vínculo complicado) recuperando profundos valores y fortalezas que son fundamentales para la mejoría que deseamos alcanzar.

 

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